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viernes, 1 de marzo de 2013

Capítulo 6



-Valeria, ¿de verdad que no tienes frío?

-Que no, tranquilo Andrés-le tranquiliza.

Llevan parte de la tarde juntos, y parece que se llevan bien. Por lo menos a Valeria le cae genial, le parece un chico muy atractivo, pero también muy sensato, con los pies en la tierra. Siguen sentados en la arena, debido a que Valeria no se puede mover, todavía tiene los huesos entumecidos pero no siente ni frío ni calor. Es raro. Y a aquel chico que acaba de conocer y al que ha bautizado como su “Héroe”, no le ha importado quedarse con ella. Seguro que tiene otros temas que atender, sus amigos, una novia…Un chico tan guapo y majo como él tiene que tenerla, o no. De todas maneras piensa que su relación no va a pasar de la amistad, si es que se vuelven a ver después de aquella tarde/noche, claro.

Se levanta algo de aire, ya es serio, la chica se puede coger una pulmonía y eso es grabe. Valeria empieza a tiritar, ahora sí que empieza a notar algo de frío, pero sigue sin poder moverse, ¡a ver que hacen ahora!

-Un momento- Andrés se quita el abrigo que lleva puesto y se lo cede a Valeria.

-Gracias-sigue tiritando.

Seguidamente se pone delante de ella, y le indica que se suba a su espalda. Valeria no lo duda y se sube, como puede.

-Así mejor, ¿no?-y comienza a andar.

Valeria ni puede hablar, parece que la lengua se le ha congelado, no puede ni darle las gracias a Andrés-Que mal educada soy, desde luego no tengo arreglo- Piensa, muriéndose del frío y de la impotencia de no poder hablar, desde luego lo que no le pase a ella no le pasa a nadie. ¿Elisa estará preocupada? Seguro que se acaba de acordar de ella, siente una especie de corazonada cuando cree que alguien está preocupado por su culpa y la ha sentido en ese mismo instante, una especie de escalofrío interno que le recorre el cuerpo terminando en los dedos de las manos, helados por el frío de la noche, amarrados alrededor del cuello de Andrés. Ahora él se debe de estar muriendo de frío por su culpa, que está empapada, y no se queja. ¡Qué majo es! Y las estrellas, se ven tan bonitas aquella noche, son tan brillantes, tan preciosas. En ese momento señala en el cielo con la mano, una estrella fugaz.

-¿Has pedido un deseo?-le pregunta Andrés.

Valeria asiente y sonríe, aunque sabe que el deseo de que vuelvan sus padres y su hermano es imposible sigue rezando para que alguna vez se cumpla, solo por el mero hecho de que alguien sepa que los lleva en el corazón y que los echa en falta, por “no fallarles” en ese sentido. Una lágrima cae por su rostro de nuevo, pero consigue aguantar la tormenta que se avecinaba, no era plan de que se preocupara más por ella.

Han llegado al paseo marítimo, Andrés deja que Valeria se suba en el poyete de piedra que separa la playa de la acera. Valeria siente las piernas otra vez, siguen doloridas pero puede moverlas, se lo indica con la mano y Andrés sonríe. Ella sigue teniendo frío, se ha bajado del poyete y ha empezado a dar saltitos para entrar en calor.

-Te invito a tomar algo caliente, ¿te apetece?

-No…no hace fal…ta-tartamudea.

-¡Que sí mujer! ¿Vamos a tomar un chocolate con churros?

-Bu…eno-sonríe al final.

Él duda, pero cuando echan a andar le pasa una mano por detrás, sabe que es muy precipitado pero si ella va a entrar en calor no importa. Lo suyo sería que tomara los churros y la dejara en su casa, para que durmiera tranquila ya que tendrá que ir al instituto por la mañana, aunque intentará que la “cita” se prolongue todo lo que se pueda, son solo las siete y media ¿qué puede perder?

Han encontrado una cafetería por la zona, han pasado dentro y se han sentado en la zona más cercana a la estufa, que está puesta en el centro de la sala. Es todo muy acogedor. En una ciudad costera como aquella es muy difícil encontrar sitios tan bien preparados para las bajas temperaturas.

-¿Qué vais a tomar?-pregunta un chico que parece ser el camarero, tendrá 19 años como mucho y tiene un flequillo que le tapa la mayor parte de la cara.

-Chocolate y churros, gracias-responde Andrés.

-Ahora lo traigo.-y se va.

Andrés mira a Valeria, parece que ya no tirita. Tiene mejor color de cara, eso sí, y espera que pronto se le “descongele” la lengua y vuelva a hablar.

El camarero vuelve con una bandeja de churros y dos tazas de chocolate, Valeria mira sonriente.

-¡Que buena pinta! Gracias-dice la chica- Nos acabamos de conocer y ya me has salvado la vida y me has invitado a chocolate, vaya plan para un Jueves tarde, ¡me gusta!

-Me alegro de que te guste-coge un churro y lo moja en la taza de chocolate.- Me enorgullezco de que me llames tu héroe.

-Lo eres.

-¿Lo soy?

-Si-pega un sorbo a la taza.

-Oye…-duda como preguntarlo- ¿cómo has ido a parar a la playa a las seis de la tarde y te has quedado dormida?

-Me apetecía pasear, tenía sueño y ¡plaf!, me dormí.

-Ah, muy normal.

-Yo no te he dicho que sea normal.

-Y yo no te he dicho que lo crea, ¿qué pasó? Después de todo tengo derecho a saberlo, me debes eso al menos.-dice firme, pero le está matando la curiosidad.

-No he tenido un buen día, -pega otro sorbo a la taza – esta mañana me han dicho que me echan del instituto y mañana mismo ya estoy en otro distinto, no me lo he tomado muy bien. He discutido con mi tía y eso…solo quería evadirme un poco de mis problemas.

Silencio, silencio, más silencio y se acabó la bandeja. Valeria se levanta de la silla, Andrés le imita y paga la cuenta.

-Siento mucho no llevar dinero.-se disculpa avergonzada.

-No importa, soy todo un caballero ¿recuerdas?-y paga con un billete de cinco euros.

-Pero me siento mal, siento que debo de hacer algo por ti, no sé, para compensar todo lo que has hecho por mí.

-De momento cuídate.

-Sí, será lo mejor-se quita el abrigo y se lo da.

-No, quédatelo, cuando nos volvamos a ver me lo devuelves.

-¿Nos volveremos a ver?

-Sí, cuando yo necesite tu ayuda. Lo acabas de decir.

-Vale, hasta entonces.-dos besos y un abrazo.

-Oye, por lo menos dame tu número, para seguir en contacto.

-Voy-saca del bolsillo su móvil, aparentemente mojado- ¡No! ¡No puede ser! Está empapado, que mal…

-Intenta encenderlo.-le aconseja.

Presiona la tecla de on/off , y por suerte se enciende. Se le ilumina la cara, mira las llamadas perdidas, tiene 1 de Elisa, tendrá que llamarle. Lo que no le va a decir es que ha estado  punto de ahogarse, ni que ha pasado la tarde con un desconocido, no sabe ni su edad.

-Toma-le entrega su móvil, para que le deje su número. Él hace lo mismo.

-Pues seguimos en contacto ¿no?

-Claro-dice sonriente- Oye, ¿Cuántos años me has dicho que tienes?

-Tengo diecisiete, pero repetí un curso, por lo que estoy en cuarto. ¿Y tú?

-Dieciséis, estoy también en cuarto.

Se sonríen, vuelven a despedirse y cada uno va hacia una dirección distinta. Ambos esperan volver a encontrarse alguna vez.

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